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Fotografiarlas

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CÓMO FOTOGRAFIAR LIBÉLULAS

 

 

CONOCER LAS LIBÉLULAS

 

Si nuestro deseo es fotografiar libélulas, tenemos que empezar por conocer un poco de su biología y de sus comportamientos. En esta página web y en otras amigas, se pueden consultar sus modos de vivir y de reproducirse, así como sus hábitats.

 

En general, lo que debemos hacer es ir a zonas cercanas al agua, tanto corriente (arroyos, riachuelos y ríos) como estancada (charcas, lagunas, lagos y embalses).


 

 

 

En la vegetación de sus orillas podemos encontrar Zygópteros (llamados comúnmente “Caballitos del Diablo”)  que buscan protección entre carrizos, juncos, hierbas... y Anisópteros (conocidos como “libélulas verdaderas”) que van patrullando por los alrededores, caminos y por encima del agua. Hay especies que sólo encontraremos en aguas corrientes (Calopteryx y Cordulegaster, por ejemplo) y otras serán exclusivas de aguas estancadas (Lestes y Anax).

 

EL EQUIPO FOTOGRÁFICO

 

 Nuestra primera premisa es poseer un equipo acorde con aquello que pretendemos fotografiar. En el caso de las libélulas, debemos tener en cuenta la distancia mínima de seguridad a la que dejarán que nos acerquemos antes de salir huyendo. Esta distancia varía mucho dependiendo de las especies y, según experiencia personal, del día; hay circunstancias atmosféricas que aumentan o disminuyen esa distancia mínima de seguridad, volviendo “más nerviosas” de lo normal a nuestros objetivos a retratar. En general, esa distancia varía entre unos pocos centímetros en los Zygópteros (Ischnura, Lestes) a ¡varios metros! en algunos Anisópteros (Aeshna).

 

Yo aconsejo una cámara réflex digital de no menos de 10 Mp (para tomas distantes deberemos recortarla para eliminar parte del fondo), sistema de limpieza del sensor y estabilizador (actualmente casi todas las marcas en sus modelos semiprofesionales incorporan estos dos últimos elementos técnicos). En relación al objetivo, debemos utilizar un Macro, con una distancia mínima de enfoque próxima a la distancia mínima de seguridad: desaconsejo un 50 mm., tolero un 105 mm y me inclino por un 150 mm. (ampliable a 180 mm. en algunas marcas) ó incluso un 200 mm.; aconsejo siempre una óptica de distancia focal fija debido a la calidad que proporciona, pero actualmente hay en el mercado tele zoom con función macro de hasta 300 mm. (SIGMA 70-200 mm. está considerado un “pata negra”) pero este aumento de distancia focal nos añade un peso extra en el equipo muy considerable y un enfoque más crítico. Como complemento ideal para evitar trepidaciones verticales, podemos usar un monopié. El trípode es del todo desaconsejable porque el montaje del mismo es complicado y lento, y suele suceder que la libélula desaparezca antes de que estemos preparados. En mi caso, utilizo una OLYMPUS E-3 con un SIGMA 150 mm. Macro.

 

 Una solución más barata consiste en interponer entre nuestra  cámara y el tele del que dispongamos un anillo de extensión para que la aproximación al insecto y el tamaño de éste en el visor aumenten: yo, utilicé un anillo de extensión OLYMPUS EX25 y un tele ZUIKO 45-150 mm. con resultados aceptables.

 

Las máquinas compactas o las réflex monobjetivo no son la mejor elección para este tipo de fotografía, ya que la imagen que vemos por la pantalla de enfoque se vuelve confusa a plena luz del sol (lo que dificulta mucho el enfoque preciso), no permiten controlar manualmente el diafragma y, en general, la posición “macro” nos obliga a acercarnos demasiado al insecto mientras que la posición “tele” ofrece una ampliación insuficiente. En cualquier caso he visto estupendas fotografías hechas con este tipo de máquinas y si se posee una no es una mala opción para iniciarse con ella antes de hacer una inversión sin saber si le vamos a sacar el partido suficiente.

 

 

LA PACIENCIA Y LA APROXIMACIÓN

 

Una vez elegido y conseguido nuestro equipo, vamos a necesitar algo muy importante y que no podemos adquirir en una tienda: PACIENCIA. Sucede muchísimas veces que cuando estamos a punto de obtener la fotografía perfecta (ver la libélula en cuestión, buscar la perspectiva más adecuada para obtener un fondo desenfocado, comenzar la aproximación lentamente, agacharnos manteniendo la tensión en las piernas, posar la rodilla -sobre una piedrecita que nos está martirizando-, apoyar el monopié y pegar el ojo al visor sin poder encontrarla), la libélula cambia de posición, se mueve o se espanta. Es muy, muy importante que esta actividad sea divertida, entretenida y didáctica; si comenzamos a cansarnos, aburrirnos o desesperarnos lo mejor es dejarlo para otro día y disfrutar de un paseo por la naturaleza.

 

Antes de empezar a fotografiar debemos configurar los parámetros de nuestra máquina. El balance de blancos (WB) lo colocaremos normalmente en automático. La medición del fotómetro la haremos en modo “matricial” o “ponderada al centro”, nunca “puntual”. El diafragma lo pondremos inicialmente en un valor medio-bajo (entre 5,6 y 9) y comprobaremos los resultados. Finalmente ajustaremos el ISO a un valor que nos permita disparar a 1/125 como mínimo para evitar trepidaciones. Todo esto son valores aproximados de partida que pueden (deben) ser cambiados según las circunstancias, resultados...

 

Cuando tengamos localizada la libélula que deseamos fotografiar, buscaremos el ángulo más propicio, la postura que más nos convenga y el fondo más adecuado. La manera cómoda de trabajar y los mejores resultados los obtendremos dando prioridad en nuestra cámara a la Abertura. Es importante obtener el fondo lo más difuso posible para evitar restar protagonismo a nuestra libélula. Para ello diafragmaremos lo mínimo para que nos permita un buen enfoque (de 5,6 a 9,0 dependiendo de la distancia que separen los motivos del fondo: a más distancia podremos utilizar un mayor diafragma siqueremos aumentar la profundidad de campo (PDC), es decir, la distancia en la que salen los motivos enfocados). Tenemos que colocarnos lo más paralelo que podamos al cuerpo de la libélula de manera que la distancia a nuestro objetivo sea igual en todas las partes del animal.


 

 

 

El enfoque lo haremos siempre en modo Manual, evitando el Auto Focus porque el automatismo de la cámara no siempre nos enfocará lo que nosotros deseemos tener a foco. Tenemos que cuidar que no haya ningún objeto (hierbas, ramas, telas de araña, etc.) entre el objetivo y nuestro protagonista.

 

La aproximación a estos insectos siempre debe ser lenta y con movimientos tipo “Tai Chi”; no haremos movimientos ni desplazamientos bruscos y tendremos cuidado con las hierbas cercanas a la libélula  porque al pisarlas podemos aplastarlas en dirección al insecto y espantarle. Una vez colocados, dispararemos varias veces, con pequeñas correcciones de nuestra postura  o  del  encuadre, y  modificaremos  el  diafragmado  a  fin de conseguir

 

 

           
     
 















aquello que deseamos. Suele suceder que disparamos una vez, nos incorporamos   para  ver  la   toma  en  la   pantalla  de  la  cámara  y  como  no
obtenemos  el resultado que esperábamos, tenemos que repetir de nuevo todo el protocolo de aproximación: ¡Aprovechemos la postura haciendo varias tomas!

 

En general, los Zygópteros los fotografiamos de perfil a excepción de los Lestes que no pliegan las alas; en este caso haremos la toma cenital. Los Anisópteros los sacaremos desde arriba (toma cenital) o de perfil.

 

 

 

LA ILUMINACIÓN

 

La iluminación para conseguir buenas tomas en las libélulas pienso que es de las más complicadas de todos los insectos, porque sus alas reflejan la luz y en las fotografías nos aparecerán veladas o blanquecinas. Como norma general, si usamos sólo la luz solar es mejor fotografiar en las primeras y últimas horas del día porque en la horas centrales el sol está “muy alto” y se reflejará sobre las alas abiertas de los Anisópteros por lo que obtendremos alas de color blanco y no conseguiremos esa forma de “vidriera” que hace de las alas de las libélulas uno de los motivos más bellos de la naturaleza. Podemos minimizar este efecto usando un filtro polarizador. Sin embargo, en el caso de los odonatos y como consecuencia de adoptar generalmente éstos una postura perpendicular a la luz del sol, esas primeras o últimas horas del día traen, como dificultad añadida, que nuestra alargada sombra afectará al insecto al procurar ese paralelismo necesario entre su cuerpo y nuestra cámara, con lo que el animal huirá, siendo difícil a veces conseguir ambas cosas: paralelismo y ausencia de sombra.

 


 

 

Si fotografiamos de frente al sol, un golpe de flash de relleno (con la potencia disminuída) nos dará un contraluz que nos destacará todos los pelitos de las libélulas perfilados y brillantes, obteniendo unas hermosas imágenes.

 


 

 

Si utilizamos luz artificial (y estamos dispuestos a cargar con la cámara, el objetivo, el monopié y los flashes esclavos) hay tres modos de obtener iluminación de calidad:

 

1.- Colocando un difusor de pantalla en nuestro flash de relleno: es una solución simple que nos permite suavizar las sombras duras.

 

 


 

2.- Twin Flash: en el mercado existen diferentes versiones para diferentes marcas de este tipo de flash: un anillo roscado al extremo del objetivo con 2 pequeños flashes móviles adheridos a él. Creo que es la mejor iluminación para la fotografía macro, obteniendo excelentes resultados con objetivos de 50-60 mm, buenos con 100-105 mm. y mediocre con 150-180 mm. Su coste es muy alto, pero opino que compensa por los resultados obtenidos.

 

 


 

3.- Falshes esclavos: en 1 ó 2 regletas se colocan 1 ó 2 flashes de media potencia (número de guía 25-35) sincronizados o con función TTL. Los resultados son muy buenos en todas las distancias focales porque las regletas se pueden modificar de distancia. No resulta tan caro como el TWIN y podemos utilizarlos con un cable de sincronización y una célula fotoeléctrica o sin sin estos   elementos   ya  que  actualmente  existen  en  el  mercado  marcas  que

 

 


 

incorporan flashes con rayos infrarrojos o de radio para disparo sincronizado (incrementando su costo). Particularmente no me agrada el flash anular por que su luz es tan uniforme que tiende a “aplastar” y aplanar las figuras y resta volumen a las tomas.

 

Como todo en fotografía, cuando obtenemos una ventaja siempre existe uno o más inconvenientes: la iluminación que conseguimos con los flashes esclavos o con el TWIN es extraordinaria, pero resulta muy incómoda y “peligrosa” por su aparatosidad para la integridad de nuestro equipo. Mi experiencia personal es que utilizando la luz del sol casi siempre nos bastará, aunque a veces me ayudo con un pequeño golpe de flash de relleno cuando la libélula está oculta entre las hierbas o en zonas ligeramente sombrías.

 

 

 

CÓMO FOTOGRAFIAR LIBÉLULAS A LO LARGO DE SU VIDA O FASES BIOLÓGICAS

 

Las libélulas, a lo largo de su vida, pasan por diferentes fases o estadios (ver Biología en “El Apasionante Mundo de las Libélulas”) y todos podemos fotografiarlos:

 

-         Larvas: cuando nuestra intención sea fotografiar los estados larvarios, deberemos construir un pequeño acuario. Una base de 8 x 8 cm y una altura de 6 cm puede ser suficiente. Ahí “atraparemos” con el acuario hacia abajo la libélula y dentro del agua donde la hemos encontrado, haremos una toma cenital. Si deseamos una foto lateral, sacaremos nuestro miniacuario , cubriremos su fondo con piedrecitas del río  y lo colocaremos en una zona donde el fondo parezca el resto de la charca o río. Debemos poner especial cuidado en que no aparezcan reflejos ni suciedades en el cristal que delaten el truco y nuestra técnica, así como también evitar que aparezcan esquinas, aristas, etc.


 

 

-         Emergencia: cuando encontremos una larva que vaya a eclosionar o esté ya saliendo la libélula, podremos obtener una sesión de fotos de todo el “evento”; aquí es recomendable un trípode de columna abatible.

 

 

-         Exuvia: para evitar su ruptura es mejor cortar el tallo donde esté prendida con suficiente margen por ambos lados o desprenderla de la roca donde se encuentre agarrada y con cuidado para no romperla llevarla a casa para fotografiarla en estudio, porque al tener un color homogéneo deberemos de cuidar mucho la iluminación.

 

 

-         Téneral o inmaduro: las libélulas cuando emergen necesitan cierto tiempo para adquirir la madurez y esto lo consiguen con el sol, el aire y la alimentación. La forma y color son muy diferentes a los del adulto y esto hace que sea muy difícil en muchos casos de identificar. Por ello es aconsejable fotografiarlas cuando sepamos qué especie es, aunque un banco de fotos de inmaduros es algo muy apetecible por su extrañeza.

 



Téneral de Aeshna affinis

 

-         Tándem: se produce cuando el macho, con sus apéndices abdominales,  aferra a la hembra por detrás de su cabeza. Es la mejor oportunidad para fotografiar a ambos sexos en estado de madurez. En esta situación son más asustadizos, pero su vuelo es menos potente (a pesar de que se impulsan con el vuelo de ambos) y se posan más a menudo. Es aconsejable diafragmar un poco más porque es más difícil conseguir colocarse perfectamente paralelos a los dos: de f11 en adelante a pesar de aumentar la PDC.

 

 


 

-         Cópula: es la continuación biológica al tándem. La pareja adoptará la clásica forma de corazón que nosotros dibujamos para expresar el amor. En esta postura, suelen ser más incautas y se dejarán acercar más. Normalmente en toma lateral obtendremos las mejores tomas, pero no desaprovecharemos alguna toma trasera para ver a todo el macho y parte de la hembra (sus ojos, sobre todo).

 

 


 

-         Puesta: son, sin duda, las fotos más bellas (y también las más difíciles) que podemos hacer a las libélulas porque tendremos que obtenerlas a ras de agua con lo que esto conlleva de peligro para nuestro equipo y para nosotros, ya que necesitaremos de unas botas de agua altas o de un vadeador. Hay especies que realizan la puesta en movimiento continuo, apoyando el abdomen a golpecitos (cada golpe es un huevo depositado en el agua) con lo que la toma aumenta su dificultad; otras lo hacen en tándem introduciendo la hembra el abdomen dentro del agua; otras, la realizan las hembras individualmente con la atenta vigilancia del macho para asegurarse de que ningún otro macho “captura” a su hembra. Para este tipo de fotografías la técnica que mejor resultado da es la siguiente: observar que la hembra o el tándem sobrevuela una determinada zona, preenfocar hacia esa zona para tener un enfoque aproximado, ajustar un diafragma medio-bajo (para ganar velocidad en el disparo, utilizar el ISO más alto que podamos sin que nos produzca demasiado “ruido” y, finalmente, disparar en ráfaga en secuencias de 3 ó  6 fotos. La mayoría de las fotos obtenidas de este modo serán para desechar, por falta de enfoque, pero con un poco de suerte conseguiremos alguna decente que luego, al editarla, mejoraremos tanto su encuadre como su luminosidad y nitidez.

 

 


 

-         Decadencia: cuando las libélulas son ya viejecitas, pierden sus tonalidades, esplendor, brillo y las alas suelen romperse. Hay especies que cambian completamente el color, por lo que es aconsejable realizar tomas de esta fase tan diferente, pero en general todas aparecen muy deterioradas y con las alas poco transparentes por lo que nuestras tomas perderán plasticidad pero no autenticidad.

 

 

 

Macho de Orthetrum cancellatum que ha perdido casi todo

el color azul del abdomen debido a la edad

 

 

 

 

RESUMEN

 

Resumiendo: la mejor condición para fotografiar libélulas es la paciencia. Si tenemos eso y un equipo mínimamente adecuado el resto es cuestión de afición, experiencia, pericia y... suerte.

 

Actualizado ( Jueves, 29 de Octubre de 2009 17:11 )